jueves, 19 de marzo de 2009

La Covatilla



Estuvimos esquiando en una estación pequeña pero con encanto, se llama La Covatilla, está ubicada en la Sierra de Bejar en la provincia de Salamanca. Es una estación muy cómoda de pistas suaves y largas con mucho sol y con buen tiempo. El Director de la Estación es de familia de ciclista, como no, la zona lo da. Delgado, fibroso de buen carácter y callado, es una persona buena y apacible, se le ve de lejos. Os contaré un poco como fue el viaje. Salimos de Madrid en un coche Eugenio y yo y fuimos a dormir a Barco de Avila, bonito pueblo, calles estrechas pero limpias, bonita plaza mayor. Desde el hotel donde dormimos se divisaba el río Tormes, el castillo y la iglesia, buenas aguas bajaban por el río, al fondo se veía limpia la sierra de Gredos. Al día siguiente y tempranos iniciamos el viaje con destino a Bejar y antes de llegar a la localidad y girando a la izquierda empezamos la subida a la Estación. Que mañana mas bonita de deporte y de sol, al mediodía paramos para comer algo, como no, un buen jamón de la tierra, pues no hay que olvidar que Bejar está muy cerca de Guijuelo. Esta Estación de esquí, sobre todo los fines de semana está llena de turistas portugueses, es natural, está muy cerca su país, y en ella disfrutan de la montaña y de la nieve. Después de la jornada deportiva, bajamos a Bejar y nos alojamos en el hotel, descansamos un poco y fuimos a una reunión de ATUDEN (Asociación de Turismo de Nieve) que se celebraba en este mismo hotel. Después fuimos a visitar un pueblo antiguo y muy bonito que se llama Candelario, enseguida nos hicimos amigos del Alcalde (Germán), hombre sencillo y amable que enseguida nos informó de la historia de la localidad, de su gua y de sus costumbres, como por ejemplo la dedicación que tenían en casa de hacer chacinería y de venderla a diferentes lugares del país. Estuvimos en una de esas casas a la que asistimos a una representación teatral de como vivían y de como desarrollaban esos trabajos. Terminamos con una visita al Ayuntamiento, edificio antiguo y bien conservado. Germán, el alcalde, nos enseñó la finca muy amablemente y tuvimos que darle la palabra que no dejaríamos de ir al pueblo y sobre todo de llamarle para verle y charlar. Volvimos al hotel a cenar. Y menuda cena que nos dieron, yo por ejemplo no probé nada mas que un plato, porque todo era degustación de platos de la tierra, comida recia, que si me llego a comer toda, no se que noche hubiera pasado, seguro que para bajarla, me tendría que haber subido andando a la misma sierra de Bejar. A la mañana siguiente y sin prisas retornamos a Madrid a nuestra vida normal, no sin llevar en nuestro corazón las buenas vibraciones obtenidas en esa excursión tan bonita en la que pudimos disfrutar de la compañía de amigos de la prensa que hacía tiempo que no veíamos. Y eso es todo. Un abrazo.