Ayer y hoy Iñigo y yo hemos estado acompañando a mi hermano que está haciendo las veces de anfitrión con un amigo suyo americano que ha venido a Madrid durante 3 días.
El Domingo estuvimos comiendo en la cava baja en un sitio típico, nos gustó mucho porque nos atendieron muy bien, por supuesto el americano quedó encantado porque el lugar lo merecía, el restaurante del Capitán ala triste, espadas, vizcaínas, picas, estandartes de los tercios de Flandes, retratos de los reyes de la época; el americano estaba alucinado. Hoy Lunes hemos quedado a las 11,00 de la maña en la puerta de hotel y hemos paseado por el barrio de las letras y después nos hemos acercado a ver una exposición de arte abstracto chino (muy interesante), después hemos estado en el bonito y típico pueblo de Chinchón, después de dar una vuelta por sus calles y de visitar su increíble plaza, nos metimos a beber una cerveza en un mesón (una escusa para ir al baño) y claro como era de esperar caímos en la tentación de entrar en una panadería, mi hermano Antonio se le hizo la boca agua entre tantos panes de pueblo, pastas de todo tipo ( él compro de vino), tortas, etc. tuve que decirles que nos íbamos, porque además la señora del establecimiento era muy graciosa y con una lengua que no paraba de hablar; por fin salimos a la plaza y nos dirigimos al restaurante. Que bonito restaurante protegido por el Patrimonio Nacional, ni mas ni menos. Un antiguo molino de aceite con unas bodegas de mas de 350 años de antigüedad. Nos pusieron en una mesa grande al lado de la chimenea, una cesta de pan y una frasca de vino, parecía que estábamos esperando al mismísimo D. Quijote y no os cuento lo que sigue porque saldría corriendo hasta el amigo colesterol, pero bueno una velada con buenos amigos es una cosa que desgraciadamente no ocurre todos los días. Y eso es todo lo que os puedo contar hasta ahora, de todas maneras os seguiré contando alguna aventura que otra.
